Video: La historia de la venezolana Gisela Sánchez se basa en crear, perder, sanar y volver a crear

La artista y diseñadora venezolana Gisela Sánchez llegó a Costa Rica hace más de dos décadas con una vida llena de trabajo, arte y amor. Hoy, su historia valiente revela cómo el cáncer, la migración y la viudez pueden convertirse en puntos de quiebre, pero también en caminos de reinvención profunda.

El arte como forma de vida y puente entre países

Desde niña, Gisela descubrió que el arte no era solo una habilidad, sino su manera de mirar el mundo. Estudió diseño gráfico en Venezuela, técnicas gráficas en Inglaterra y trabajó de forma ininterrumpida desde los 16 años. Tras regresar a Margarita junto a su esposo, la situación de su país la llevó a instalarse en Costa Rica en 2002, donde consolidó una carrera sólida en diseño y participó en exposiciones artísticas llenas de color, mar y luz. “El diseño ha sido el 80% de mi vida”, recuerda, destacando cómo sus clientes y proyectos le han regalado alegría, crecimiento y sentido.

Tu pyme merece ganar mas con BAC

Cuando la vida se quiebra — y el arte sana

Costa Rica también fue el escenario de sus mayores desafíos. Primero enfrentó un cáncer de colon con metástasis pulmonar durante la pandemia, un proceso que transformó su relación con la vida y con su propio cuerpo. Desde la fe, la visualización, la pintura y un blog llamado “Huésped inesperado”, Gisela decidió no luchar contra la enfermedad, sino comprenderla y atravesarla. Pero el golpe más fuerte fue la muerte de su esposo, compañero de 47 años de vida. “Ahí se muere una parte de ti”, confiesa. A diferencia del cáncer, que la fortaleció, la viudez la vació. Ese duelo profundo la obligó a detenerse, bajar el ritmo y descubrirse nuevamente desde el silencio.

Renacer: volver a crear desde lo que duele

Hoy Gisela transita una etapa lenta pero vital: retomar el diseño, disfrutar a su familia, viajar, hacer yoga y permitir que el arte regrese cuando esté listo. Reconoce que el apoyo de sus hijos y nietos fue el puente para no quedarse a oscuras. “Al principio pensé: yo no puedo vivir sin Martín”, dice. Pero la vida le enseñó que sí podía, paso a paso, a los 72 años, reencontrando la risa de los niños, el mar, el ejercicio y el trabajo como anclas. Su mensaje para quienes atraviesan un punto de quiebre es claro: buscar el silencio interior, abrazarse, pedir ayuda espiritual y recordar que todo pasa, que la alegría también es un ejercicio y que la fe —sin etiquetas— sostiene.

Ver la entrevista completa

En Historias Valientes, Gisela abre su corazón para contarnos cómo el arte, la fe y el amor la acompañaron en los capítulos más duros de su vida, y cómo hoy se permite volver a crear desde un lugar más consciente, más humano y más verdadero.

>

Anuncios Banco Popular
×