Tanya Leiva vivió años en una prestigiosa transnacional, con reconocimiento, viajes y estabilidad económica. Pero detrás de esa imagen “exitosa”, su cuerpo empezó a gritar lo que su corazón callaba: ansiedad, enfermedad y agotamiento. Hoy, su historia valiente muestra cómo soltar el control y poner su confianza en Dios la llevó a una vida con más paz, propósito y servicio a otros.
Cuando el cuerpo dice basta
Durante años, Tanya se desempeñó en una empresa transnacional liderando grandes proyectos de finanzas y mercadeo para toda Latinoamérica. El ritmo era intenso, la competencia feroz y la exigencia constante. Mientras por fuera todo parecía estar bajo control, por dentro su cuerpo empezó a pasar la factura: episodios de ansiedad muy fuertes, pérdida de cabello, gastritis, colitis y una sensación de que todo lo que ganaba se iba en tratamientos y hospital. Ella misma reconoce que no expresaba sus emociones; repetía el “todo está bien”, pero su salud decía lo contrario. En 2016 decidió salir de ese entorno… pero la verdadera batalla estaba todavía en su corazón.
Perder el control para ganar una nueva forma de vivir
El cambio de la empresa al emprendimiento no eliminó el estrés, solo lo transformó. Ahora ya no había salario fijo ni vacaciones aseguradas: si un mes no vendía, el siguiente no había ingresos. A pesar de aplicar todas las estrategias “correctas”, los proyectos se caían, los clientes no cerraban y llegó una etapa de despojo profundo, incluso al punto de no tener dinero ni para una simple galleta. Fue precisamente con ese detalle tan pequeño —una galleta que anhelaba y que su hermana le regaló sin saberlo— que Tanya sintió con fuerza una verdad: Dios veía su necesidad y la invitaba a dejar de actuar por su cuenta. Ese gesto se volvió un símbolo de algo mucho más grande: reconocer que no estaba sola, que su negocio y su futuro no dependían solo de su esfuerzo, sino de aprender a confiar.
De la ansiedad al acompañamiento con propósito
Hoy, Tanya es cocreadora de Academia Isaías 43, desde donde acompaña a emprendedores y personas en el manejo de finanzas personales y habilidades blandas con una perspectiva bíblica y cristiana. Su enfoque ya no es “qué le vendo”, sino “qué necesita la persona que tengo enfrente”. Combina la parte técnica con la espiritual: escucha propósitos, ora con sus clientes, diseña estrategias a la medida y busca que cada proceso traiga también esperanza. Sus consejos nacen de la experiencia: identificar las mentiras que nos repetimos (“no puedo”, “soy un fracaso”), practicar la humildad para soltar el control y hacer una oración honesta como la que transformó su vida: reconocer que, por sí sola, tomaba malas decisiones y pedirle a Dios que tomara el timón. Desde entonces, aprendió que perder el control no fue una derrota, sino el inicio de una nueva manera de vivir con paz y gozo.
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En Historias Valientes, Tanya Leiva comparte con la Revista Milenium cómo pasó de enfermarse por el trabajo a encontrar descanso, dirección y propósito en Dios, y cómo hoy acompaña a otras personas para que no tengan que llegar al límite para transformar su vida.

